La alegría de los encuentros del corazón

La alegría de los encuentros del corazón

La alegría de los encuentros del corazón

22 de septiembre de 2021

Hay encuentros del corazón que comienzan mucho antes de que sepamos hacia dónde nos van a llevar.

Personas que llegan por una razón aparentemente sencilla y que, con el tiempo, terminan ocupando un lugar inesperado y profundamente querido en nuestra historia.

Así comenzó la nuestra.

Esta es la historia de Juan Carlos, Silvana y Magela. Tres personas cuyos caminos se fueron enlazando poco a poco, primero a través del trabajo, después a través del acompañamiento y, finalmente, a través de una amistad nacida de la confianza, la alegría y el corazón.

Silvana y yo nos conocimos trabajando.

Ella llegó a mi vida como diseñadora web para crear mi página y darle forma digital a mi trabajo. Entre reuniones, conversaciones, ideas, decisiones, palabras e imágenes, comenzamos a conocernos mucho más allá de las cuestiones técnicas.

Cuando alguien trabaja con aquello que representa profundamente quién sos, inevitablemente empieza a conocer también una parte de tu mundo.

Y eso fue sucediendo entre nosotras.

La relación profesional fue dando lugar a la confianza, a las conversaciones personales, a la cercanía y a un vínculo que, sin que lo buscáramos, comenzaba a crecer.

Hasta que un día la vida nos llevó hacia algo mucho más importante que una página web.

Nos llevó hasta Juan Carlos.

Juan Carlos, el papá de Silvana, estaba atravesando un proceso muy delicado de su salud, que comprometía especialmente su voz y hacía que, en algunos momentos, respirar se volviera verdaderamente difícil.

Silvana estaba a su lado acompañándolo como hija, con todo lo que significa estar cerca de alguien que amamos cuando atraviesa una etapa de tanta vulnerabilidad.

Y fue desde la confianza que ya había nacido entre nosotras que decidió poner a su papá bajo mi acompañamiento profesional.

Así comenzó mi vínculo con Juan Carlos a través de mi Método de Lectura Bioenergética.

Lo que hasta entonces había unido a Silvana y a mí a través del trabajo adquirió de pronto otra profundidad.

Ya no se trataba solamente de compartir proyectos, ideas o diseños. Había una persona querida en el centro de nuestra atención y un deseo inmenso y compartido: acompañarlo de la mejor manera posible.

Durante aquellos meses hubo momentos de mayor tranquilidad y otros mucho más difíciles.

Cuando la respiración se hacía pesada o aparecía el malestar físico, trabajábamos juntos buscando devolver calma y bienestar a su cuerpo.

Pero el acompañamiento nunca fue solamente físico.

Había emociones, temores, cansancio, esperanza, confianza y una enorme necesidad de sentirse acompañado en cada paso.

Y allí fuimos construyendo algo que no estaba previsto en ninguna agenda.

Mientras Silvana acompañaba a su papá con la presencia amorosa de una hija, yo acompañaba a Juan Carlos desde mi trabajo y desde mi Método de Lectura Bioenergética y el Reiki, que es también un gran amor para mi

Entre los tres comenzó a formarse una red sólida y potente

Una red hecha de confianza.

De estar atentos.

De celebrar cada avance.

De sostener los días difíciles.

Y también —porque incluso en los momentos más intensos la vida encuentra alguna rendija por donde entrar— de humor, conversaciones y sonrisas.

Juan Carlos no era simplemente “el papá de Silvana”.

Yo empezaba a conocer al hombre.

Su manera de enfrentar lo que estaba viviendo, su fortaleza, su sensibilidad y esas ganas de seguir adelante que lo convirtieron en uno de los protagonistas más queridos de esta historia.

Y entonces llegó el 22 de septiembre de 2021.

Primavera.

Una fecha perfecta, casi simbólica, para los encuentros del corazón y celebrar que después de tantos meses también nosotros estábamos floreciendo con la vida.

Nos reunimos en Buenos Aires.

Y por primera vez aquellos tres caminos coincidieron alrededor de una misma mesa:

Juan Carlos, Silvana y Magela.

Tres personas felices de estar juntas.

Y eso era muchísimo.

Nos encontramos para celebrar los avances de Juan Carlos, para brindar por todo el camino recorrido y para disfrutar de algo que durante meses había tenido un significado enorme: estar ahí, juntos, compartiendo la vida.

Una mesa.

Una conversación.

Las manos que se encuentran.

Las risas.

Una fotografía.

Es curioso cómo, después de atravesar momentos intensos, aquello que alguna vez pareció cotidiano puede adquirir un valor extraordinario.

Poder conversar.

Poder reír.

Sentarnos juntos.

Mirarnos a los ojos.

Compartir una tarde sin otra urgencia que disfrutarla.

Ese día celebrábamos mucho más que un momento.

Celebrábamos la vida.

Nuestra amistad comenzó primero a través del trabajo,

Después nació la confianza y el cariño.

Más tarde llegó un momento de la vida que nos pidió estar muy cerca unos de otros.

Una amistad construida casi sin darnos cuenta, mientras cada uno aportaba lo suyo.

Silvana, con el amor inmenso hacia su papá y esa presencia capaz de permanecer incluso en los días más complejos.

Juan Carlos, con su enorme fortaleza, su ternura, su humor y sus ganas de seguir apostando por la vida.

Y yo, Magela, acompañándolo desde mi trabajo con la Lectura Bioenergética, pero también con el cariño que inevitablemente nace cuando dos personas han transitado juntas momentos importantes.

Al final, aquella experiencia nos ha enriquecido a los tres.

Porque acompañar transforma también a quien acompaña.

Y dejarse acompañar abre lugares del corazón que muchas veces no sabíamos que existían.

Cuando hoy volvemos a mirar esta fotografía, no vemos solamente tres personas sentadas alrededor de una mesa.

Vemos todo lo que hubo antes.

Los mensajes.

Las conversaciones.

Los días luminosos y los días difíciles.

La confianza de una hija.

La valentía de un padre.

El acompañamiento.

La esperanza.

Y una amistad que fue encontrando su lugar en medio de todo aquello.

Por eso esta imagen es tan especial.

Porque guarda el instante en el que pudimos detenernos y reconocer cuánto camino habíamos recorrido.

Y porque nos recuerda algo que, desde entonces, nunca olvidamos:

la vida tiene una manera misteriosa de hacer que las personas se encuentren.

A veces comienza con algo tan cotidiano como hacer una página web.

Y, sin embargo, detrás de aquello ya se estaba preparando otro encuentro.

Uno mucho más profundo.

Aquel 22 de septiembre brindamos por Juan Carlos.

Por su camino.

Por cada avance.

Por Silvana y por mi.

Por la amistad.

Por la confianza.

Por la posibilidad de seguir encontrándonos.

Y por esa maravillosa capacidad que tiene la vida de regalarnos personas que un día eran desconocidas y, poco tiempo después, sentimos que forman parte de nuestra historia. Me gusta decir que hoy somos familia!

Quizás eso sea la alegría de los encuentros del corazón.

Descubrir que, incluso en los momentos en los que el camino se vuelve difícil, pueden nacer vínculos hermosos.

Que acompañar también puede convertirse en amistad.

Que detrás de una circunstancia inesperada puede estar esperando un encuentro.

Y que hay personas que llegan a nuestra vida de una manera aparentemente casual para dejar una huella que permanece mucho después.

Porque algunos encuentros que duran una tarde, y se quedan para siempre en el corazón.

¿Cómo se conocieron Magela y Silvana?

Magela y Silvana se conocieron inicialmente por motivos profesionales, cuando Silvana comenzó a trabajar en el diseño de la página web de Magela. A partir de ese trabajo nació un vínculo de confianza que con el tiempo se volvió mucho más cercano.

¿Cómo llegó Juan Carlos a Magela?

Juan Carlos era el papá de Silvana y atravesaba un proceso complejo de salud. Desde la confianza que había construido con Magela, Silvana decidió recurrir a su acompañamiento profesional y a su Método de Lectura Bioenergética para acompañar a su padre durante aquella etapa.

¿Qué significó el encuentro del 22 de septiembre de 2021?

Fue la posibilidad de que los tres compartieran una misma mesa después de meses de acompañamiento. Un encuentro para celebrar los avances de Juan Carlos, la vida y, especialmente, la amistad que había nacido inesperadamente entre los tres.